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Miroslav Tichy: una respuesta al fetichismo tecnológico


Todos conocimos a algún anciano vagabundo rodeado de historias fantásticas de su juventud. Que supo ser un médico brillante, o un destacado concertista de música, o un adinerado dedicado a gastar fortunas en fiestas y viajes.
Hasta que algún día, un golpe del destino, una desgracia familiar o un giro inesperado de la historia lo convierte en el fantasmagórico y sucio personaje que es hoy.

Miroslav Tichy fue un fotógrafo, al que algún misterioso cimbronazo en el devenir de sus días lo convirtió en el viejo vagabundo de su pueblo natal, Kyjov, en la República Checa.

Tichy nació en 1926 y estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Praga. Fue llevado a cumplir con el servicio militar obligatorio y mas tarde considerado un disidente por el régimen comunista, por lo cual fue perseguido y hostigado por muchos años. En una oportunidad, fue internado compulsivamente en una clínica psiquiátrica estatal, tal vez para ocultar sus convicciones políticas a los ojos de la gente. A partir de 1960, Miroslav comenzó a aislarse y a vestirse con harapos, de un modo autosuficiente e independiente de los mecanismos de consumo de la sociedad.

Entre los años 1960 y 1985, considerado y tolerado como “el vagabundo del pueblo”, produjo su mayor obra fotográfica, fabricando sus propias cámaras con materiales de deshecho que encontraba en los basurales.

Asi, con trozos de madera, tubos de plástico y de cartón, elásticos de calzoncillos rotos, alambres oxidados y pedazos de plexiglás que él mismo pulía con papel de lija y pasta dentífrica para darles la convexidad que creía necesaria, fue construyendo sus cámaras, adaptándoles estrambóticos teleobjetivos sostenidos con fragmentos de madera atada.

El tema recurrente en su obra, hoy considerada artística, fueron invariablemente las mujeres de su pueblo, a las que fotografiaba subrepticiamente escondiéndose tras arbustos o las rejas de la piscina municipal. Muchas de esas mujeres “posaban” ingenuamente, creyendo que ese loco no podía tomarles una foto con esas horribles máquinas hechas con rezagos.

La deficiente calidad de esas fotografías, producto obviamente de la rusticidad de las cámaras de Tichy, es lo que les han dado esa definida personalidad que hoy se les reconoce.

Miroslav Tichy murió en Kyjov el 12 de abril de 2011 a la edad de 84 años, habiendo rechazado el dinero que su tardía fama le deparó, mientras mucha otra gente en diversas partes del mundo se enriquecía con su obra.

Mas de la obra de Miroslav Tichy.

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