Ph.: Julia Margaret Cameron, circa 1868
Para lograr ser finalmente un/a fotógrafo/a con todo lo que la palabra implica, es necesario vencer en primer lugar algunos escollos menores. Entre estos requerimientos de menor cuantía, el menor de todos es el de la herramienta o equipamiento. Ya se que para muchos es el principal problema, pero estoy convencido de que siempre se trata de una dificultad coyuntural.
Le sigue el tema de la capacitación técnica. Y este sigue siendo un asunto pequeño simplemente porque la técnica fotográfica, finalmente, la aprende cualquiera que tenga ganas, curiosidad y algunas neuronas disponibles. Luego viene el entrenamiento visual que es el menos menor de los escollos menores, porque aquí no solo se tienen que dar las condiciones de un entorno de trabajo o estudio de la imagen muy adecuado sino que el aprendiz tiene que estar con las antenas muy bien orientadas y dispuesto a no perder detalle. Aquí un adjetivo puede ser determinante, un brazo inclinado puede decidir una imagen genial, un cierto tono de rojo puede explicar el casi inexplicable rechazo inconsciente a un retrato en apariencia muy bello.
Ph.: Diane Arbus, 1970
Y se acabaron los problemas menores porque de aquí en más todo es difícil: a partir de aquí se juega nuestro futuro como fotógrafos y mucho más aún: como artistas. En primer lugar hay que dejar claro que hasta aquí llega cualquiera que supere la coyunturalidad de la carencia y tenga algún libro de Michael Langford. Y que además se mantenga despierto y observador. Pero de ahora en adelante solo avanzarán los que tengan alguna condición natural inasequible, y que además sepan usarla.
El genio es algo que aparece quizás en algún soplo, en un recuerdo, en una visión. Es lo que nos permite provocar sensaciones físicas a través de estímulos muy sutiles como miradas u oscuridades. Es aquello que muy pocos afortunados gobiernan y manipulan con soltura y permanencia. Hay genio en el combatiente español de Robert Capa, congelado en el infinito instante de su dignísima muerte. Hay genio en los niños trabajadores de Lewis Hine, que me miran con sus caras sucias desde 1911 y me hacen preguntar ¿Donde estarán hoy? También habita la mano de Herb Ritts cuando convierte la piel de una mujer en bronce, en agua y en piedra; y dirige la acción de Horst cuando desparrama sombras en lugar de luz para armar una fotografía.
Whisper of the Muse – Julia Margaret Cameron
Julia Margaret Cameron y Diane Arbus, dos fotógrafas especializadas en retratos de personas. Dos enfoques diametralmente opuestos. Mientras que Cameron, hace unos 150 años, convirtió a toda clase de personajes en poco menos que candidatos al mármol, Diane Arbus, en los años sesenta, descubrió a los ojos del mundo una nueva estética del horror: seres grotescos y marginales, feos, sucios y enfermos fueron retratados por Arbus en las calles de Nueva York. Mientras que el espectador de Cameron desea identificarse con el personaje, Arbus nos invita precisamente a lo contrario. Las dos autoras han logrado a través de recursos muy distintos, golpear al espectador en forma muy contundente. Sin embargo pareciera que un mismo trazo de genialidad bendice la obra de ambas artistas. Y es justamente eso lo que explica que uno se sienta sumamente atraído tanto por la belleza de solemnes rostros augustos, modelados con suaves cascadas de luz pacificadora, como por la mirada directa de patéticos personajes mutilados y repugnantes en medio de una húmeda semioscuridad callejera. Mientras que Cameron ubica a la humanidad entera en un mismo peldaño de posibilidades estéticas frente al piadoso y benefactor lente de una cámara; Arbus impone una sensación exactamente opuesta a la tranquilizadora seguridad de la belleza. Pero un análisis mas profundo nos permite ver claramente que en esencia, el mensaje es el mismo, ya que los monstruos de Diane Arbus se ven elevados a la categoría de arte, aportando sus jorobas y sus muletas para colaborar en la composición de una imagen final y definitivamente bella.
Teenage couple on Hudson Street, Diane Arbus – (NY, 1963)
Hace un tiempo vi pegada en una pared una foto que me hizo pensar en todo esto y luego escribir esta nota. Esa foto fue, estimo, el resultado de pretender dar rienda suelta a la creatividad por sobre el criterio estético, para lograr una imagen que sirva para publicitar justamente una actividad como la enseñanza de la fotografía, donde la estética está ubicada en un lugar que no hace falta explicar. La imagen mostraba una boca mal maquillada e iluminada de la cual asomaba un ojo de vidrio. La inmediata sensación de asco y rechazo se ve obstaculizada en primera instancia por la pseudo-intención de la foto de demostrar por sí misma las infinitas posibilidades que nos brinda el ser creativos. Entonces antes de decidir que no me gusta, debo sumarle a la imagen el valor añadido de la originalidad. Y aquí surge la pregunta: Si mostrar lo inhabitual es ser creativo, ¿un vómito ocular se encuentra amparado por la segura protección del prejuicioso respeto a los creativos?
Mexican dwarf in his hotel room – Diane Arbus (NY, 1970)
Julia Jackson by Julia Margaret Cameron (1864)
Creo que Diane Arbus hubiera logrado embellecer semejante esperpento. Y que Cameron hubiera decidido finalmente no fotografiarlo. Y creo que también en estas dos acciones radica el genio.
SEP

Hola!Que tal,queria informacion acerca de aranceles y saber si a esta altura se puede comenzar algun curso.GRacias.
Hola Maria Clara,
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Saludos!